martes, 25 de agosto de 2026

LA VERDAD DETRÁS DE LAURA CASTRO


Afuera se vino una tormenta.

Una tormenta como tantas. Aun así, nuevamente ese estúpido miedo ancestral a lo desconocido. Bueno, es verdad, el miedo nunca es estúpido. El estúpido es uno.

Miedo ancestral a la inminencia de algo inevitable y letal, algo que no haya sucedido en ninguna de las tormentas que ya atravesamos con menor o mayor suerte, que destruya todo lo visible o despedace nuestros huesos. Algo.

Cada tormenta ha pasado. Hemos comprobado que nuestra imaginación de catástrofes está hipertrofiada. Pero saberlo finalmente no ha cambiado mucho las cosas.

Estoy adentro ahora, a resguardo.

Laura Castro también está adentro.

Laura Castro, o Castro Laura.

Laura es blanca, rubia. No tan rubia, pero rubia.

Tiene una sonrisa hospitalaria, deslumbra un poco.

Una mirada algo más atenta percibe que la línea de los labios está levemente torcida. Y que un párpado está un poco más caído que el otro. Sutiles imperfecciones brindan una belleza accesible. Laura Castro podría amanecer mañana en la cama de cualquiera. Eso es perfectamente imaginable (aunque no suceda nunca) porque Laura Castro se nos parece en esos amables defectos.

Laura está de espaldas contra una puerta y detrás de esa puerta se dirime la verdad.

Imagino que preguntarse quién llevó a Laura Castro allí es inadecuado; que habría que preguntarse “qué” puso a Laura allí. Pero estamos demasiado habituados a preguntar “quién”.

Para ciertas abstracciones hace falta tiempo y menos velocidad de vivir.

Pensar siempre en quién y no en qué, ser poco o nada dados a la pregunta de “cómo funciona”, lleva, en situaciones extremas, a que nos queramos matar mutuamente, y que estemos todo el tiempo buscándole la cara al culpable.

Pero eso sucede allá afuera.

Aquí adentro todo es acogedor. De fondo, un ambient techno, o quizás deep techno y cierto aroma a café.

Quizás sea eso lo que habilite en mí una mirada levemente más aguda.

Laura Casto sostiene entre los dedos índice y pulgar de cada mano su tarjeta de débito que dice, obviamente Laura Castro.

Veo que esa tarjeta no está allí, aunque eso parezca.

Si uno se fija, la hendidura que los vértices del plástico que todo lo promete le provocan a las yemas de los dedos de Casto Laura, es una línea recta y los bordes no proyectan sombra hacia atrás.

Inmediatamente comprendo otra cosa, algo que debería haber sabido desde el principio: Laura Casto no es Laura Castro. Ni Castro Laura.

Al lado de Laura, o de quién quiera que sea Laura, sobre el panel divisorio entre este sitio y la verdad, un cartel reza que, por disposición de una circular del Banco Central, no está permitido permanecer en el lugar con gorra o con lentes oscuros.

Reconfortante. No hay nada que temer. Obviamente también está vedado el uso del celular, ya lo sabemos. Aquí nadie podría robarnos. Por un rato, al menos, algo quiere que sepamos que podemos estar tranquilos.

Algo presupone que no nos damos cuenta de que quien haya podido acceder a este sitio para robar, no estaría donde varias personas y yo mismo estamos ahora. O sabe que, aun dándonos cuenta, hay tantas otras cosas que no advertimos, que no llegamos a sentirnos estupefactos antes nuestra estupidez.  Por eso ese cartel, el de los lentes y la gorra, puede estar ahí aclarando que aquí nadie va a robarnos. La única que podría robarnos algo sería Laura, o quien quiera que sea esa chica. Yo me dejaría robar con gusto por ella.

Ese anuncio pegado al lado de Laura habilita la ilusión de que es ella la que nos está aclarando que aquí estamos seguros.

Un poco más acá de la sonrisa eterna de quien deseo seguir llamando Laura, y a la que tengo que contenerme para no sonreírle yo también, hay una pantalla led, donde sale el número de turno que cuando coincida con el nuestro indicará que podemos pasar al otro lado y vérnoslas de frente con la verdad de este mundo.

Al pie de la pantalla una leyenda anuncia CFTEA para préstamos al consumo: 501.75%. La prohibición de los lentes negros y la gorra, además de evitar inconvenientes, asegura la visión despejada para poder leer con claridad los anuncios que salen allí.

La pantalla anuncia mi turno de vérmelas de nuevo con la verdad. Me incorporo, abro la puerta bailando por un segundo con Laura, la dejo atrás y paso.

Presiento que esta vez, como tantas otras, no veré nada del otro mundo.

Pero no me abandona cierta excitación.


 

martes, 18 de agosto de 2026

CUENTOS DE HADAS


 

No hay Poder sin pensamiento mágico.

La fe en la divinidad y magnificencia del rey fue reemplazada por la más razonable profesión de fe democrática y la proclama bleu, blanc, rouge.

Pero son dos expresiones de aquel viejo mecanismo Diremos, del mismo mecanismo de siempre: un cuento de hadas.

Cuento de hadas de cuya naturaleza se puede llegar a ser plenamente consciente. Y en el que, aun así, se continuará creyendo profundamente.

Ha habido otros modos de ese fantástico cuento y habrá alguno nuevo después del actual, aún inimaginable. Durará hasta que se compruebe que no trajo nada diferente al anterior. El Gran Cuento de Hadas, podría pensarse, es quizás creer que el próximo no lo será.

Pero en todas sus versiones algo puro y duro persiste. El Palacio. Y su adentro. Y su afuera.

El Palacio, a veces más pequeño y exclusivo; otras, más grande y hospitalario.

Siempre, de algún modo, delimitado. Sus lindes son móviles, nadie puede ubicarlos con precisión.

En todos los casos sucederá lo mismo que siempre sucedió: no hay lugar para todos.

Los muros ayer parecían infranqueables, y el misterio de sus salones y alcobas propiciaba las más variadas y fantásticas historias en imaginaciones frondosas. Hoy sus confines parecen extenderse y hasta cualquier mesa en algún bar de mala muerte puede parecer formar parte de su mobiliario. Mañana, no se sabe.

Lo cierto es que en algún sitio hay una puerta que solo puede atravesarse con contraseñas, artimañas, bendiciones o traiciones.

Quienes han logrado entrar y quienes no, propician una confusión bifronte.

Adentro, esa confusión lleva a creer que son el Poder. No lo son. Aferrarse con ferocidad a los atributos logrados es en principio ambición, pero en última instancia, es terror al afuera y al vacío (el vacío no existe sino cuando se le teme).

Afuera, esa confusión los hace creer contrarios al Poder.  No lo son. Estar afuera parece un motivo de orgullo.  Triste es el orgullo, siempre, porque es el velo para simular que no se está atravesado por la misma ambición que los de adentro, que, inalcanzables, disfrutan provisoriamente de una fiesta que parece eterna.

Ninguna fiesta es posible si no tiene al mismo tiempo invitados y excluidos.

La condición de goce de quienes festejan es que haya quedado cierta y determinada gente al margen de la celebración.

La fiesta encontrará su condición de posibilidad mientras afuera haya quienes quieran entrar y no puedan.

 

Los que creen ser el Poder, no lo son pero parecen tenerlo al menos.

Los que simulan la dignidad de la emancipación con la ñata contra el vidrio, acallan así el resentimiento mientras planean, siempre delirando, cómo hacer para entrar y destronar. Y el delirio será razón de estado el día que lo consigan

 

Hay un malentendido que asegura el gran negocio de cronistas y otros “bufones solemnes” por el estilo:  la idea de que el Poder le teme a lo que se le opone, asimila que ese temor está encarnado en los de "adentro" que "son el Poder " y su amenaza encarna en los de "afuera",  definidos a sí mismos con legítimo orgullo como  sus eternos opuestos.

Pero ni los unos ni los otros son el Poder, ambos lo desean, y son tan solo sus muñecos. En eso los transforma el hechizo (no hay cuentos de hadas sin hechizos).  El Poder es un increíble y ambiguo ventrílocuo. 

 

A quienes sí le tiene terror pánico el Poder es a los inhallables, aborrecidos tanto adentro como afuera.

Los que no están merodeando extramuros la fiesta pugnando por entrar o aparentando desinterés mientras escrutan por el rabillo del ojo si hay alguna hendija para colarse.

Los que no se sabe dónde están a cada momento, en este mismo momento, o ayer o mañana, ni qué es lo que desean, donde quiera que se encuentren.

Los viven en algún silencio que impide saber cómo es el cuento de hadas en el que creen, si es que creen en alguno.

viernes, 27 de junio de 2025

DCO




Hablamos de él, del abominable.

Vemos un hombre donde hay un espectro.

Sacamos conclusiones lapidarias, ensordecedoras.  Debe haber un susurro que queremos acallar. Un inquietante susurro.

Tal vez haya un espejo aterrador en esas habitaciones  clausuradas por alguien en algún pasado incierto. O un espejo, a secas.

Tal vez, conjeturando acerca de él, del abominable, esté resonando en algún  íntimo pliegue, de manera espasmódica y parcial, lo que en él encarna de modo extremo, casi inhumano.

En él estalla y se exhibe obsceno en una intensidad que nos es desconocida, algo que se aletarga en cada uno de nosotros.

Por eso él está ahí, estridente símbolo, cabal, perfecto, resumen del acallado rumor de nuestros múltiples inconfesables delirios.

El horror irá creciendo.

Algún incierto día algo se quebrará en el límite.

Ese día, lo destruiremos.

Ese luminoso, inocente, ingenuo día habremos creído librarnos de él. 



 

 

jueves, 14 de noviembre de 2024

YO NO

 


"...Algunas zonas bajas se han gentrifricado.

Ahora serían zonas altas, pero que deben aparentar no serlo.

Pululan por allí hipsters de andar liviano que se sientan a tomar café de especialidad o a comer una rodaja de pan tostado con algo de palta obligatoria encima, mientras revisan mentalmente algún catálogo de causas nobles , para elegir alguna que puedan defender a pura selfie,  sin que ello les reste demasiado tiempo.

Hay tantas cosas por hacer e insume tanto tiempo afirmar al amable fantasma propio (todo puede mutar y cualquiera ser expulsado del paraíso en cuestión de días), que tampoco es cuestión de inmolarse.

Hay que saber soltar a les otres cuando ya no da para más..."

 

Yo no  - Tonhy Nakamura


lunes, 16 de septiembre de 2024

MALENTENDIDO


Amor o un malentendido, en algunos casos con visos delirantes.

Cuando resulte conveniente, cualquier delirio podrá ser encorsetado en una suerte de contrato implícito. La ambigüedad de sus cláusulas habilitará la cacería de culpables de ocasión.

Está visto.

Y si todo sale bien , se consolidará un negocio , quizás para todas las partes intervinientes, pero para al menos algunas de ellas casi con seguridad. Y para las otras, tal vez, se alucine una oferta que no podrían rechazar.

Las fronteras son móviles y las banderas cambian de color y de lugar. Los tiranos y sus sometidos intercambian sus roles mansamente.

Amor mentado en este instante por casi cualquier boca, con legítima sinceridad...y si nadie dice lo que sabe...y si nadie sabe lo que dice..

Claramente podrían suceder muchas otras cosas, en la asunción de indefinidos modos...pero el fenómeno de la variedad ha sido confinado: sólo es legalmente válido en las góndolas de los supermercados en las vidrieras, el packaging, las pantallas.

Parece que resultara cada vez más incómodo y áspero violar esas leyes, normas, reglamentos, o no acatar amables sugerencias.

La mentan libertad.

Es obediencia inconsciente.

 

lunes, 15 de enero de 2024

CONEJILLOS DE LAS INDIAS


 

Experimento psicopatopolítico.

Cualquiera tiene derecho a su propio delirio.

Mamarrachismo también. Crónicas mamarrachas.

Por un lado:

Chitrulas rapaces y zombies traidores en aceitada y previsible combinación.

Héroes epiteliales a la conquista de alguna sonrisa de cabaret, mientras prometen a sus lunáticos esclarecidos una revolución para el lunes que viene.

Millones de boluditos narcisistas hipertrofiados se embelesan con su autopercepción cibernética en la pared espejada de su burbuja emoji, endeudándose y vendiéndose con fascinación hasta que les explote la burbuja y su cabeza.

Por otro lado:

Estadistas epidérmicos para velar las armas de las apariencias: "Llamesé democracia a este cuento de hadas…", y ponen una firma encima de la otra, como alambres de púas protegiendo el terreno donde retozan sus culos apoltronados, tirando discursos bonitos con una pedorrera soporífera.

Hasta ser sustituidos por alguna fiera onanista, lanzando espuma por la boca con los ojos desorbitados cuando haga falta reemplazar la aletargada gestión de la debacle por otros  modos novedosos y más divertidos.

Por detrás de la kermesse, más allá del esperpento:
Los Dueños  coordinan y solventan su adicción sin fondo articulando el mercado de eso a lo que todos los demás somos evidentes adictos, eso, sea lo que sea, que hizo del planeta un circo cada vez más febril, vocinglero, sangriento y rutilante.

A las chitrulas, a los zombies, a los héroes, a los boluditos, a los burócratas remilgados o fieras, nos encanta.

Dicen que siempre fue así: cualquiera podrá ser feliz, cuando eso nada signifique.



 

miércoles, 26 de julio de 2023

TORPES Y HERMOSOS

Creo estar leyendo lo que escribió.

Es probable que sea yo quien escribe lo que creo estar leyendo.

No es eso lo que siento.

Por su parte, puede haber creído expresar lo que yo nunca leeré en lo que ha escrito. De algún modo, creyó escribir lo que en sí no ha quedado dicho, lo que secretamente queda más allá.

Quien cree leer, escribe y no lo sabe.

Quien cree ser leído, es escrito y no se entera.

Creemos comunicarnos.

Eso no sucede.

Es el caso particular de un modelo más general: pareciera no haber vida en común si no es creyendo cosas que no son.

Cuando el desencanto estalla, las astillas se recogen y atesoran con celo para recordar que eso no debería volver a suceder, sin saber que esos cristales rotos ya han sido reemplazados por un renovado embeleso.

Se vislumbra ardua la sobrevida en el terreno de la lucidez extrema.

Sin la fascinación no llegan muy lejos estos desvalidos animalitos gregarios que leen o escriben sus vidas intentando ser o parecer lúcidos y hacen todo lo que hacen de un modo casi siempre hermosamente torpe.

Y misterioso.